
La Cámara de las Reliquias Sagradas de Topkapı: historia, qué verás y cómo visitarla con respeto
El manto del Profeta, las llaves de la Kaaba, las espadas de los primeros califas y el sonido del Corán recitado. Qué es la cámara de las Reliquias Sagradas de Topkapı, cómo llegaron las reliquias a Estambul y cómo vestir y comportarte dentro.
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De estancia privada del sultán a santuario
Las Reliquias Sagradas no tienen un edificio propio. Se guardan en la Cámara Privada, la Has Oda, en la esquina noroeste del Tercer Patio. El edificio forma parte del núcleo más antiguo del palacio, levantado bajo Mehmed II a finales del siglo XV, y empezó siendo residencia privada, sala del trono y dormitorio del sultán, atendido por los pajes escogidos del palacio interior.
Con la llegada de las reliquias cambió de función. A comienzos del siglo XIX, bajo Mahmud II, el edificio entero se dedicó a ellas y pasó a llamarse Cámara del Manto Bendito, Hırka-i Saadet Dairesi. Para muchos visitantes sigue siendo el lugar más solemne del palacio.
No la confundas con el Tesoro, que está al lado. El Tesoro habla de la riqueza, el poder y el ceremonial de la dinastía; las Reliquias Sagradas no se presentan como un despliegue de riqueza, sino como un lugar con significado religioso e histórico, y se espera que el visitante se comporte en consecuencia.
Cómo llegaron las reliquias a Estambul
La mayoría llegó a Estambul tras la conquista de Egipto por Selim I en 1517. La más venerada es el Manto Bendito, una capa de lana negra que, según la tradición, el profeta Mahoma regaló al poeta Ka‘b ibn Zuhayr después de que este recitara una oda en su presencia.
El manto llegó junto con las llaves de La Meca y otros objetos sagrados que el jerife de La Meca había enviado a El Cairo como muestra de lealtad al sultán. En los siglos siguientes se sumaron más piezas. Los sultanes otomanos veían en el manto un símbolo del califato y lo custodiaban con enorme cuidado. No hay que confundirlo con el Hırka-i Şerif, otro manto que se guarda en la mezquita de Hırka-i Şerif, en Fatih, construida por Abdülmecid en 1851 y abierta al público durante el ramadán.
La visita del 15 de ramadán
Durante siglos el manto se mostraba solo una vez al año. El día 15 de ramadán, el sultán y los grandes dignatarios del Estado acudían a rendirle homenaje. Los preparativos empezaban tres días antes: se apartaban las reliquias, se barrían las salas, se lavaban con agua de rosas y se quemaba incienso.
Ese día, el propio sultán abría el cofre donde reposaba el manto, envuelto en varias capas de seda, mientras imanes y almuédanos recitaban el Corán. Al terminar lo devolvía a su sitio y el cofre no se abría hasta el siguiente ramadán.
Si el día 15 caía en viernes, la visita pasaba al sábado. Desde el reinado de Mahmud II, se rozaba el manto con paños de muselina que llevaban versos en su alabanza y se repartían entre los asistentes, y ese día se enviaban bandejas de baklava a los jenízaros.
Qué verás dentro
Entras por una puerta con caligrafía de Ahmed III a la Sala de la Fuente, el Şadırvanlı Sofa, una estancia con cúpula y fuente de mármol. Aquí se exponen piezas de la Kaaba de La Meca: una puerta, el canalón de oro, llaves y cerraduras y el revestimiento de la Piedra Negra, junto con espadas vinculadas a los Compañeros del Profeta.
En las salas siguientes, cubiertas de azulejos de İznik y franjas con versículos coránicos, están las reliquias atribuidas al Profeta: un sello, cartas, una huella, pelos de su barba, un fragmento de un diente que, según la tradición, se rompió en la batalla de Uhud, sus espadas y su arco. También se exponen espadas atribuidas a los cuatro primeros califas: Abu Bakr, Umar, Uthmán y Alí.
El manto descansa en un cofre de plata adornado con oro, bajo un baldaquino de celosía plateada, y normalmente no se expone a la vista. La colección incluye además objetos atribuidos a profetas anteriores, entre ellos un bastón asociado a Moisés.
La recitación del Corán
Lo primero que muchos notan no es un objeto, sino una voz. En época otomana, los servidores de la Has Oda hacían guardia y recitaban el Corán por turnos, una tradición asociada a Selim I. Hoy también se recita en directo junto a las reliquias, de día y de noche.
Merece la pena detenerse un momento a escuchar. Para los visitantes musulmanes es un lugar de devoción más que una parada del museo, y la calma de las salas depende de que todo el mundo hable bajo.
Cómo vestir y comportarte
Las normas de visita de los Palacios Nacionales dicen que todo el mundo, hombres y mujeres, debe ir cubierto como corresponde a un lugar sagrado para entrar en esta sección; a quien no lo esté no se le deja pasar. En la práctica, vístete como lo harías para entrar en una mezquita. Si vas con ropa de verano, lleva algo con lo que cubrirte.
Dentro, habla bajo o no hables, no te quedes parado delante de las vitrinas para que los demás también puedan ver, y sigue los carteles y las indicaciones del personal, también sobre las fotos.
La cámara forma parte del recorrido del palacio principal, así que no necesitas entrada extra. Eso sí, algunas zonas interiores pueden dejar de admitir visitantes antes de que cierre el recinto: no la dejes para el final del día.